Bueno ya habìa dejado de lado este espacio, por razones muy muy agradable, y aun que estoy haciendo un gran esfuerzo me duele el dejar no del todo la enseñanza.
Ahora me estoy desarrollando en otro campo que en verdad me encanta, claro para ello estudie, jajaja, pero la enseñanza me encanta.
Si de algo me apasiona, es el enseñar pero no puedo dejar de lado mi enseñanza, asi q bueno estoy tratando de combinar ambas, es algo mmm muy divertido, cansado, pero divertididisimo.
He descubierto habilidades q sabia q tenia, pero no habia puesto en marcha, y bueno como en casa me dicen mas vale sola q mal acompañada, lo he hecho sola y sin ayudita de nadie, claro hay q conocer, pero tambien hay q saber hacerse amigo de la soledad, pues es mas agradable de lo q uno piensa.
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jueves, 11 de septiembre de 2008
viernes, 22 de agosto de 2008
La trampa
Cuando en poesía la razón es capital el poema es un pordiosero en el desierto.
La página está en blanco. Le tortura tanta blancura inútil. Pero él no puede...Rechaza tener que llenar la página con disparates. Intenta comenzar. Coge la lapicera. Medita. No escribe. Suelta la lapicera. El papel sigue virgen. Inesperada visita. Una hormiguita honestamente despreocupada comienza a cruzar aquel desierto blanco, sobre el cual está inclinado el pensamiento del hombre que aún no ha comenzado a escribir.
Pero la viajera se detiene en medio del desierto. ¿Por qué? No estaba fatigada, ni temerosa, ni sufría de amnesia ( no era tan vieja ), ni tampoco se detuvo a contemplar un paisaje tan desolado, tan lunar. La pobre hormiguita simplemente esperaba que el dueño del desierto le trazara una ruta... Y él, por fin, escribió. Llenó la página. La saturó de signos, de palabras y números. Pero ahora la hormiguita se ha enredado... Ella le pidió un camino...Y él le llenó el desierto de matorrales...
Manuel del Cabral.
La página está en blanco. Le tortura tanta blancura inútil. Pero él no puede...Rechaza tener que llenar la página con disparates. Intenta comenzar. Coge la lapicera. Medita. No escribe. Suelta la lapicera. El papel sigue virgen. Inesperada visita. Una hormiguita honestamente despreocupada comienza a cruzar aquel desierto blanco, sobre el cual está inclinado el pensamiento del hombre que aún no ha comenzado a escribir.
Pero la viajera se detiene en medio del desierto. ¿Por qué? No estaba fatigada, ni temerosa, ni sufría de amnesia ( no era tan vieja ), ni tampoco se detuvo a contemplar un paisaje tan desolado, tan lunar. La pobre hormiguita simplemente esperaba que el dueño del desierto le trazara una ruta... Y él, por fin, escribió. Llenó la página. La saturó de signos, de palabras y números. Pero ahora la hormiguita se ha enredado... Ella le pidió un camino...Y él le llenó el desierto de matorrales...
Manuel del Cabral.
Etiquetas:
esperanza.,
imaginacion,
razón
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